sábado, 8 de junio de 2013

¡Nos han robado!

Esta es la frase que se me vino a la mente mientras escuchaba al director de la sucursal de Caja España de la Calle Guadalete, en el barrio de las Batallas, Valladolid, contarme cómo el 10% de nuestros ahorros colocados en obligaciones habían sido robados.

Observaba con asomo las condolencias superficiales que el director de la sucursal, llamado Javier, al igual que yo, trataba de ofrecernos mientras notaba cómo mi madre intentaba en vano retener las lágrimas que afloraban en sus ojos ante la noticia. Los ahorros de una vida, confiados a la entidad que había sido durante muchos años la que guardó con cercanía nuestro dinero, nuestras nóminas, nuestras pensiones. Todo eso ahora es papel mojado, agua de borrajas, una mierda sin valor.

No podía dar crédito a las explicaciones que me daba: "la orden viene de Bruselas", "a nosotros nos ha pillado también por sorpresa", "estamos aquí soportando el chaparrón porque somos los que damos la cara"... Pero lo peor fue cuando afirmó, con toda parsimonia, que me estaba contando lo que sabía por la prensa, pues los cauces oficiales de la entidad no habían dado una explicación ni siquiera a las sucursales. Es decir, que además de robarnos, ¡sois idiotas!

Estaba esforzándome por no cruzarle la cara de una bofetada mientras escuchaba sus disculpas, tratando de hacerme a la idea de que los ahorros que nosotros considerábamos seguros iban a convertirse en acciones de una entidad que no valía nada. Estaba forzando a mi mente para que controlara mis músculos, que deseaban destruir aquella sucursal con todos esos ladrones dentro, mientras el director explicaba las consecuencias de la resolución del FROB, bajo órdenes del gobierno de Mariano Rajoy y de la Unión Europea de Merkel y sus amigos criminales. Perdíamos, ya, de golpe, sin poder reaccionar, sin más aviso que una carta fría y distante, el 10 % de nuestros ahorros. Perdíamos el dinero obtenido con el esfuerzo del trabajo de una vida. Y condenaban al restante 90 % a convertirse en productos financieros volátiles, es decir, acciones de un banco que no vale nada, con lo que perderemos, seguramente, la mayoría de lo que tenemos.

Este blog que inicio hoy pretende ser un relato de las desventuras que esta decisión criminal e ilegal del gobierno y de la Unión Europea va a depararme. Mientras apaciguo las lágrimas de mi madre y sosiego mis violentos deseos de venganza, espero encontrar el aplomo suficiente para contar mi historia.

Como primera despedida, quiero desear a todos aquellos que han participado en esta estafa, que pierdan todo su dinero, todas sus posesiones, y que pasen el resto de su (espero) larga vida en la más absoluta pobreza, mendigando por un mendrugo de pan que les salve de morir de inanición en el último momento, y que vean como todos sus sueños, todos sus proyectos e ilusiones son destrozados con la fría y certera crueldad de la verdadera justicia. Ojalá viváis para siempre y sufráis de manera insoportable cada segundo de vuestra indigna existencia.

Hasta la próxima.